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Real (Final Exclusivo Extendido) - Katy Evans

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Real (Final Exclusivo Extendido) - Katy Evans

Mensaje por Sahara el 4th Enero 2016, 9:21 pm

Final exclusivo extendido de Real por Katy Evans

En honor al primer aniversario de Real, ¡hemos publicado contenido extra exclusivo para que todos ustedes lo disfruten! Un fenómeno indie y betseller en New York Times y USA TODAY, Real es el primero de una serie New Adult devastadora sobre una joven hermosa, especialista en rehabilitación de deportistas, que no puede luchar contra su atracción a un peligroso luchador sexy de underground.



14


FINAL EXCLUSIVO EXTENDIDO


Traducido por NnancyC

—Entonces apostaré que soy mejor en esto —digo mientras deslizo los dedos en su cabello, luego hago llover todos los besos que puedo sobre su rostro. El gruñido de excitación masculina que escucho me causa un estremecimiento de excitación que corre a través de mí y agrego mi lengua, raspando sobre la barba incipiente de su mandíbula, amando la medio-risa, medio-gemido que sigue.
—Eres buena —bromea con voz ronca, sus ojos destellando. Me agarra el cabello en un puño y ladea mi cabeza para tomar posesión de mi boca—. Tan jodidamente buena que necesito estar dentro de ti ahora, Brooke. Justo ahora.
Nunca ha sonado tan decidido, y de repente nunca me he sentido tan necesitada, así que agarro la base de su polla y desciendo con cuidado sobre su longitud.
Aprieta la mandíbula con una expresión de placer insoportable. —Dios, sí —dice, curvando los dedos en mis caderas mientras que me guía más abajo. Centímetro a centímetro. Estoy empalada en él.
Caliente. Grueso. Duro. Él está en mí y oh, dios, se siente tan bien, y ha sido tanto tiempo, me muerdo el labio mientras que saboreo a Remy dentro de mí. Me acuna el rostro, acariciando con sus pulgares sobre mis pómulos y me observa tomarlo, lentamente hasta ajustarme, hasta sentir cada centímetro único y delicioso de él entrando en mí.
—¿Eso se siente tan bien para ti como lo hace para mí? —pregunta en esa voz llena de sexo que me vuelve loca.
—Más… más que asombroso… —jadeo—. Nunca nada puede ser tan bueno… como tú…
Me siento llena, estirada casi más allá de los límites, y aún así… necesito más. Él es tan grande. Más grande que la vida. Más grande que cualquiera. Y él es todo lo que quiero y todo lo que necesito, y necesito todo de ello.
Me balanceo para tomar más, forzando mis paredes sexuales a estirarse, a ser capaces de mantenerlo, aceptarlo, agarrarlo con firmeza y abrazarlo. Hemos dejado de reír por completo en este momento, y cuando se hunde plenamente en mí, jadeo, su cabeza cae hacia adelante para apoyarse en la mía y gruñe un sonido largo y bajo.
—Oh, Remy. —Asciendo de vuelta, y luego me agarra de la cintura y me hace bajar de un tirón, comenzamos a movernos lentamente, mi cuerpo levantándose, sus brazos rápidamente bajándome…
Ahora nuestros cuerpos dominan, los latidos de nuestros corazones, nuestros alientos, nuestros músculos, todo trabajando para la liberación, la suya y la mía. Estoy sin aliento y la temperatura de mi cuerpo sigue subiendo a medida que ávidamente anticipo ese momento cuando lo sentiré explotar en mí y dejarme toda pegajosa y deliciosa de la forma que me gusta.
—Brooke… —Remington comienza lamiéndome en cualquier sitio que puede. Mis pezones, mis hombros, mi clavícula, mi cuello, sus dedos hundiéndose en mi piel mientras me elevo más rápido y él me baja incluso más rápido y más duro. Levanta la cabeza y mantiene sus ojos en los míos, me observa rebotar sobre él—. Dios, eres tan jodidamente hermosa…
Mi sexo se hincha incluso más cuando mira la forma en que mis senos se mueven, la forma que mi sexo se abre para tomarlo. Sus ojos iluminándose de un modo posesivo, toma mis labios con los suyos y nuestras bocas se inclinan y toman, se inclinan y saborean. Entonces lo perdemos todo. Ya no podemos saborear, necesitamos más. Me baja de golpe y mece las caderas hacia arriba con fuerza, al mismo tiempo, sus músculos apretándose, sus muslos debajo de los míos, sus abdominales contra las mías, sus bíceps alrededor de mí.
Él es tan increíblemente intenso, pero está follándome como si nunca hubiera follado nada en su vida. Con control, aún también con auténtica desesperación. El placer se dispara por mi cuerpo y él empieza a arremeter contra mí, su rostro una máscara de necesidad feroz.
—Aliméntame con uno de tus pezones —dice en un susurro acusado.
Me inclino y ahueco un pecho, colocando el pezón en su boca abierta y él la cierra codiciosamente alrededor de la punta mientras que sigue levantándome y bajándome. Comienza a chupar y siento las succiones calientes de su boca repercutiendo en olas deliciosas a través de mí.
—Oh, dios, Remy —digo, curvando los brazos alrededor de su nuca y bloqueando su cabeza en mí—. Más duro. Más duro, por favor.
Estoy muriendo, presionando mi pecho más hondo en su boca maravillosa.
Gruñe y me muerde, soltándome y mordiéndome, chupando y mordiéndome, y el placer exquisito se precipita a través de mí hasta que muero de agonía con cada embiste de su longitud dentro de mí, cada tirón brusco y animal de su boca en mis senos.
—Más, Brooke —exige, y le doy mi otro seno olvidado, el pezón ya sobresaliendo en el aire en una súplica necesitada. Su lengua lo acaricia y la tensión firme en mi cuerpo sigue aumentando. Continúa mordiendo y chupándome, follándome y levantándome, y nos escucho, en la habitación, de la forma que hacemos el amor. La forma en que nos apareamos. Somos desenfrenados y ruidosos. Quiero hundirme y mantenerlo en mí por siempre, pero también ansío la forma en que me llena y luego sale, haciéndome supurar y zumbar por él para que vuelva a entrar y me estire alrededor de su base. 
—¡Remington! —grito mientras el placer intenso aumenta, aumenta y aumenta.
Me hace girar sobre mi espalda antes de que pueda alcanzarlo, y se retira. Y estoy allí, tiritando, suspendida en la cima del placer. Jadeando por respirar, lo miro, jadeando, ardiendo, su pecho ascendiendo y descendiendo mientras se sostiene con sus brazos sobre mí.
Le gusta prolongar esto. Cierro los ojos y trato de recuperar el control, estremeciéndome mientras lucho por ello. Sus labios una vez más jalan de mis pezones luego se arrastran por mi abdomen. Sube a mi cuello. Me huele. Me saborea. Me goza. Me experimenta. Le agarro del cabello y le lamo la mandíbula, en la boca, acariciando toda su piel y ondulando debajo de su cuerpo cálido y duro. Saboreándolo. Él es mi obsesión y mi adicción, el lugar donde me siento a salvo y eufórica.
—Di que me amas —le ruego. 
Desliza una mano por mi abdomen, haciendo círculos en mi ombligo, luego acariciando mis labios vaginales, hasta que finalmente mete su dedo medio en mí. —Remy —gimo, meciendo las caderas y embistiendo—. Me gusta tanto, dilo.
Toma mi boca, me agarra las caderas, llenándome por completo y susurrando—: Te amo… —Me está mirando con esos ojos azules, forjando un orgasmo mientras me acuna los pechos en sus manos, luego se agacha para lamer y cubrir cada una de las puntas.
Empujo debajo de él.
Toma mi boca con la suya, su beso hambriento. —Te amo —dice con voz áspera de nuevo, moviéndose dentro de mí tan profundo que puedo sentirlo en mi corazón. Su rostro se mueve a mi oído—. Quiero mudarme aquí y jodidamente vivir en ti. —Me besa la frente, la nariz y los labios—. Di mi nombre cuando te corras.
Me corro diciendo su nombre —Remington— y lo captura con su boca, llegando al clímax, caliente y poderoso, dentro de mí. Mis brazos se vuelven laxos alrededor de él cuando las olas se calman, y luego yacemos allí, sonriéndonos como tontos, antes de que me agarre y me ajuste, y mi león de ojos azules tome relevo y haga toda su cosa sexy.
♥ ♥ ♥

La siguiente mañana, mis ojos parpadean hasta abrirse.
El primer pensamiento que aparece en mi cabeza es que soñé todo. Que soñé la música que nos reproducimos el uno al otro en la oscuridad. Que soñé los besos por horas que nos dimos, sintiendo esa boca sexy-demoníaca fundirse en la mía y tomar mi aliento, mis pensamientos y a mí hasta que todo mi mundo se convierte en esa boca: Hambrienta. Húmeda. Sexy-demoníaca.
Soñé que hicimos el amor tres veces. 
La primera vez, fue tierna y luego un poco desesperada. La segunda, exploratoria. Saboreándonos el uno al otro de nuevo. ¿Saboreando el territorio, tal vez? ¿Su tetilla todavía es del mismo tono de marrón encantador, con el puntito duro que me gusta frotar con mis dedos sin parar? ¿Aún le gusta cuando rozo con los dientes sobre su labio inferior y lo muerdo con suavidad? ¿Y él? No dejó ni una parte sin cubrir la segunda vez. Sus manos recorriendo mis curvas, su boca curiosa frotando, succionando, saboreando. Incluso los sonidos que hicimos; parecíamos memorizarlos todo. Nos reímos un poco y jugamos un poco, nos mordimos mientras nos besamos, nos divertimos mientras nos saboreábamos.
—Canta para mí de nuevo —bromeó en mi oído, moviéndose en mí.
—Insultaste mis cuerdas vocales, nunca seré capaz de cantar para ti de nuevo —digo sin aliento, y mis palabras se convierten en un gemido cuando sostiene un brazo alrededor de mí y me abre las piernas debajo de él.
Me clava los brazos arriba. —Anda, sólo una —insistió, y luego mostró esos hoyuelos. ¿Puede alguien negarse a esos hoyuelos?
—Eres… tan… hermoso… —jadeé—. Pero ese no es el por qué te amo…
Su gruñido me interrumpió, y luego dejamos de reír y las cosas se pusieron serias. Se volvieron desesperadas. La idea de que podía todavía estar sola, en mi apartamento, y que él podría estar separado de mí, se hunde en nosotros mientras comenzamos a follar de verdad. Ya no nos reímos mientras nos besábamos. Reclamó mis labios, su boca exigiendo y ordenando, sus embistes más duros, sin permitir dudas de él tomándome.
Y la tercera vez, lloré. Fue desgarrador. Me mordió, me lamió, me dijo: “eres mía” y también lo mordí, lo sentí; caliente, duro y pulsando dentro de mí, y lloré y lloré hasta que me hizo correr. No lloré porque fue asombroso, cuando su cuerpo está en el mío y soy tomada por el suyo, es asombroso. Pero no. Lloré porque todavía no puedo creer que yo, quien pensé de mí misma como alguien fuerte, segura, sensata, podría haber siquiera pensado por un momento que era una buena idea renunciar a él. Me sostuvo y lloré en silencio. Y besó mis lágrimas. Y me dijo que olvidara eso. Que lo amara al igual que él me ama, y eso es todo.
¿Puede ser tan sencillo?
Ahora, me despierto en esta habitación de hotel. Nuestros cuartos de hotel son siempre tan limpios, lindos y nuevos. Las líneas de los muebles son modernas, las sábanas de la cama más suaves que las que tengo en mi casa. Pero lo mejor de la habitación es siempre Remy.
Mi visión está borrosa y mi corazón hace saltos locos en mi pecho cuando muevo la mirada y lo veo allí, extendido, boca abajo sobre la cama, con un brazo estirado como para agarrarme.
No cerramos las cortinas, así que cada centímetro de luz solar se cuela en el cuarto y baña su piel dorada.
Incluso en reposo, sus músculos son duros, definidos perfectamente. Recorro con los ojos sobre sus muslos, piernas musculosas, la curva de sus nalgas, la pendiente de su columna, por la espalda amplia y fuerte, hasta sus brazos. Y ese brazo, con el tatuaje celta en el bíceps, estirado por mí. ¿Cuántas noches ha dormido con ese brazo estirado a la nada en el otro lado de la cama? ¿Tantas como yo?
El pensamiento me inunda con arrepentimiento. Tanto arrepentimiento. ¿Cómo pude haberle… malinterpretado como lo hice? ¿Cuando todo lo que él quería era que lo conozca?
Quería ser la única que lo hiciera, y en el final, él debe haber estado muy decepcionado de pensar que yo lo herí sabiendo nada sobre él. Ni siquiera la forma en que se sentía acerca de mí.
Por un momento, mis pulmones no pueden expandirse; duele pensar en ello. 
Estoy tan jodidamente enamorado de ti que ya ni siquiera sé que hacer conmigo mismo…
Cerrando los ojos, escucho las palabras y las envuelvo en mi corazón. Entonces lo miro en la cama.
Su respiración es lenta y profunda, y parece estar descansando. Me pregunto si ha descansado en todo este tiempo sin mí. Me siento como si no hubiera dormido en años. ¿Estuvo negro el tiempo entero? ¿Cómo lo atravesó y se las arregló?
Oh, dios, yo también estoy tan jodidamente enamorada, que tampoco sé que hacer conmigo misma. Nunca antes he estado enamorada de este modo.
Sintiendo mi pecho hincharse, estiro un brazo y le toco la parte posterior de uno de sus dedos. Deslizo la punta sobre el ascenso del suyo, subo por un nudillo con cicatrices y por su muñeca, lentamente delineando su antebrazo.
—Hmmm. —Vuelve la cabeza así que me enfrenta, y mi corazón da un pequeño brinco.
Tiene los ojos todavía cerrados, los labios curvados sólo brevemente así que no consigo ver más que el atisbo de un hoyuelo. Su cabello es un desastre y amo ese desastre. Sonrío para mí misma ante el hmmm… y me inclino cerca de su oreja, deslizando los dedos por su brazo entero y por su hombro.
—¿Quieres comerme? —susurro.
Dice—: Hmmm. —Y rueda a su espalda, arrastrándome con él cuando sus ojos se abren.
Estremecimientos de emoción pasan por mí cuando aquellos ojos azules sostienen mi mirada, y sostengo esa mirada azulada, sin aliento cuando levanta un brazo y llega a trazar con la parte posterior de un dedo mi mentón. —Aquí estás —dice.
Me analiza. ¿También piensa que me soñó?
Ya que estoy tan abrumada que siento que tengo que estar soñando. Difícilmente lo merezco volviendo a mí, mucho menos su amor. Mucho menos ser mirada… de la forma que me mira ahora.
—Lo estoy —susurro, moviéndome para quedar abierta sobre él—. ¿A qué hora nos marchamos hoy?
Acomodándose para sentarse y apoyándose contra las dos almohadas, cruza los brazos detrás de su cabeza en un modo que hace que sus bíceps se abulten y formen las rocas perfectas próximas a esos tatuajes celtas. —No nos vamos.
—¿Qué?
—No nos iremos hasta que sepa con certeza que vas a venir con nosotros.
Una de mis cejas vuela ante esta confesión interesante. Me gusta. Me gusta demasiado. —Bueno, entonces. Ahora que estoy aquí, estás atascado a mí. Estás tan atascado, señor. —Zas, suavemente escucho y le beso un hoyuelo—. Tienes que llevarme contigo ahora. —Zas, escucho y beso el otro, para ser justa.
—¿Dónde quieres que te lleve?
—Lejos de aquí. A donde tú estés. A patear el culo de Scorpion. A correr. A la cama. Al paraíso. A verte luchar. —Le miro, y está luciendo todo perezoso, con los brazos detrás de la cabeza, todo como un león, como el rey de la jungla—. Soy Brooke —le digo—. Me pediste mi nombre una vez. Soy Brooke Dumas y en lugar de darte mi número, sólo te daré mi corazón.
Arquea una ceja y cuando se ríe —un ruido sonoro y magnífico, y que tanto he extrañado de él—, consigo un pequeño escozor en los ojos.
Se estira y me arrastra a él. —Brooke Dumas —murmura, acunando mi mandíbula, sus ojos destellando mientras mira profundo en mis ojos—. Soy Remington. —Sonrío ente lágrimas con amor, y luego agacha la cabeza y me susurra al oído—: En lugar de traerte de vuelta a mi hotel… voy a contratarte, seducirte, reclamarte, y después, nunca voy a dejarte ir. —Se echa atrás para mirarme fijamente, localiza una lágrima y la limpia—. ¿Qué parte no te gusta? —me pregunta en voz baja.
Nunca me había dado cuenta de la forma que me miraba con amor, pero hay tanto amor en sus ojos esta mañana, que me siento inundada de emoción y me bloquea la garganta al intentar hablar.
—La parte donde fui estúpida y huí.
—No más, mi pequeña velocista. No más correr para ti. —Me rio cuando me levanta en sus brazos.
—¿Adónde vamos?
—A todos los lugares que querías ir, incluyendo la cocina.
—Pero estoy desnuda…
—Yo también.
—Pero Diane…
—Cerré la puerta con llave en mitad de la noche.
—Eres hablador ahora, ¿no? Puedo decir que piensas que eres el motivo por el que volví a arrastrarme ante ti —bromeo, tocando un hoyuelo mientras me carga.
No dice nada, pero continúa mostrando esos hoyuelos cuando me baja en la cocina y camina hasta el refrigerador. Desnudo. Y estoy parada allí, mirándole sacar una botella de leche, las luces del refrigerador dibujando la silueta de cada músculo.
Gruño y me cubro la cara. —Remington, serás mi muerte. 
—Y tú la mía. —Saca frutas y crema batida—. Tengo hambre.
Me sienta en la encimera de granito, al lado del fregadero, y levanta una fresa a mis labios. Muerdo la punta, después se mete el resto en la boca y arroja el tallito a un lado.
—Hmm —digo. Me encantan las fresas.
—Hmmm —dice, y por el brillo en sus ojos, creo que se refiere a algo más. Está confirmado cuando esparce crema batida en uno de mis senos. Jadeo, luego la saca a lengüetazos de mí, y mi cerebro ha empacado sus maletas y me ha dejado cuando hace lo mismo con el otro.
—No vas a tener el desayuno sobre mí, ¿cierto? —pregunto, riéndome, de hecho esperando que lo haga.
—Tú eres el desayuno, el resto es una guarnición.
Ohdiosmío.
Pronto estoy toda llena de cosas sabrosas y… me está alimentando y le estoy alimentando… y nos estamos alimentando…
En serio, él es tan jodidamente sexy que no puedo soportarlo.
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Sahara

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